Juguemos a gato en un toro
Espacio Valverde
C/Valverde 30, 1ero bajo, 28004, Madrid, España, España
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Overview
Hay objetos que sobreviven a las civilizaciones que los produjeron. Conservan su forma, pero han perdido las reglas que les otorgaban sentido. Tableros de juego, observatorios o instrumentos rituales llegan hasta nosotros como vestigios de sistemas que apenas podemos reconstruir: permanecen las formas, no las instrucciones que las activaban. Allí donde el conocimiento histórico encuentra un límite comienza el territorio desde el que trabaja Sandra Val.
La artista presenta en Espacio Valverde un nuevo capítulo de su investigación sobre los sistemas simbólicos con los que las culturas han organizado el espacio, el tiempo y el conocimiento. A través de la escultura y la instalación, la exposición reúne dispositivos donde el juego deja de ser entretenimiento para revelarse como una forma de pensamiento: una tecnología capaz de ensayar modelos del mundo, explorar posibilidades y construir significado.
El origen del proyecto está en Agon: Perros y Chacales, a partir del juego egipcio homónimo. Sandra Val no pretende reconstruir un tablero arqueológico ni recuperar unas reglas desaparecidas: le interesa el momento en que un sistema continúa existiendo mientras el código que permitía comprenderlo se ha perdido. El instante en que deja de transmitir instrucciones y comienza a producir preguntas.
Desde esa intuición se despliega la exposición. Concebida como un único dispositivo, la muestra desarrolla lo que la artista denomina una arquitectura de la simulación: un sistema de relaciones donde cada obra modifica la lectura de la siguiente. El visitante no recibe un significado cerrado: reconstruye un conjunto de signos cuyos códigos nunca se entregan del todo.
El recorrido se abre con Stomachion, donde obras de pequeño formato dialogan sobre peanas construidas e intervenidas con pintura por la artista, de modo que contenido y continente mantienen una relación que excede lo funcional. Algunas piezas se han trasladado al terreno pictórico: lienzos de gran formato que proponen una sola vista frontal, la que más información revela, en su máxima magnitud.
Campo de juego convierte la sala en un laboratorio donde el espectador pasa a ser agente activo. Sobre un soporte intervenido por la artista se apilan de manera totémica módulos de porcelana, componiendo estructuras verticales a partir del volumen y el color.
En Hazard, dos grandes esculturas inspiradas en los dados-peonza reposan sobre un tapete con dibujos geométricos que remiten a valores numéricos del uno al doce. Con unos dados pequeños y un manual de reglas, el visitante obtiene un sistema interpretativo de su pasado, presente y futuro y se convierte por un momento en cleromante, aquel oficio adivinatorio ejercido mediante el lanzamiento de objetos de azar. El azar deja de ser la negación del conocimiento para revelarse como otra forma de producirlo.
Solo al final aparece Agon: Perros y Chacales. Situada deliberadamente como cierre, revela el origen de la investigación una vez que el visitante ha atravesado sus transformaciones. El recorrido adquiere una estructura circular: el final conduce al principio y obliga a releerlo todo. El antiguo tablero deja de percibirse como vestigio arqueológico para convertirse en la matriz conceptual de la exposición. Agon no reconstruye un juego antiguo; reconstruye la posibilidad misma de interpretar aquello cuya memoria ha quedado incompleta.
Las obras de Sandra Val integran la tradición artesanal con estrategias contemporáneas de experimentación. Sus esculturas parecen heredadas de una cultura reconocible e imposible de situar. Pero lo esencial para la artista es construir situaciones donde el significado vuelve a producirse cuando las reglas originales ya no están disponibles.
La artista presenta en Espacio Valverde un nuevo capítulo de su investigación sobre los sistemas simbólicos con los que las culturas han organizado el espacio, el tiempo y el conocimiento. A través de la escultura y la instalación, la exposición reúne dispositivos donde el juego deja de ser entretenimiento para revelarse como una forma de pensamiento: una tecnología capaz de ensayar modelos del mundo, explorar posibilidades y construir significado.
El origen del proyecto está en Agon: Perros y Chacales, a partir del juego egipcio homónimo. Sandra Val no pretende reconstruir un tablero arqueológico ni recuperar unas reglas desaparecidas: le interesa el momento en que un sistema continúa existiendo mientras el código que permitía comprenderlo se ha perdido. El instante en que deja de transmitir instrucciones y comienza a producir preguntas.
Desde esa intuición se despliega la exposición. Concebida como un único dispositivo, la muestra desarrolla lo que la artista denomina una arquitectura de la simulación: un sistema de relaciones donde cada obra modifica la lectura de la siguiente. El visitante no recibe un significado cerrado: reconstruye un conjunto de signos cuyos códigos nunca se entregan del todo.
El recorrido se abre con Stomachion, donde obras de pequeño formato dialogan sobre peanas construidas e intervenidas con pintura por la artista, de modo que contenido y continente mantienen una relación que excede lo funcional. Algunas piezas se han trasladado al terreno pictórico: lienzos de gran formato que proponen una sola vista frontal, la que más información revela, en su máxima magnitud.
Campo de juego convierte la sala en un laboratorio donde el espectador pasa a ser agente activo. Sobre un soporte intervenido por la artista se apilan de manera totémica módulos de porcelana, componiendo estructuras verticales a partir del volumen y el color.
En Hazard, dos grandes esculturas inspiradas en los dados-peonza reposan sobre un tapete con dibujos geométricos que remiten a valores numéricos del uno al doce. Con unos dados pequeños y un manual de reglas, el visitante obtiene un sistema interpretativo de su pasado, presente y futuro y se convierte por un momento en cleromante, aquel oficio adivinatorio ejercido mediante el lanzamiento de objetos de azar. El azar deja de ser la negación del conocimiento para revelarse como otra forma de producirlo.
Solo al final aparece Agon: Perros y Chacales. Situada deliberadamente como cierre, revela el origen de la investigación una vez que el visitante ha atravesado sus transformaciones. El recorrido adquiere una estructura circular: el final conduce al principio y obliga a releerlo todo. El antiguo tablero deja de percibirse como vestigio arqueológico para convertirse en la matriz conceptual de la exposición. Agon no reconstruye un juego antiguo; reconstruye la posibilidad misma de interpretar aquello cuya memoria ha quedado incompleta.
Las obras de Sandra Val integran la tradición artesanal con estrategias contemporáneas de experimentación. Sus esculturas parecen heredadas de una cultura reconocible e imposible de situar. Pero lo esencial para la artista es construir situaciones donde el significado vuelve a producirse cuando las reglas originales ya no están disponibles.